
El camino de tierra colorada, a su vera un exuberante verde en mil tonalidades, con la más férrea intención de invadirlo como réplica al machete humano que lo pretende limitar, más allá una cascada musiquera inunda el silencio.
El camino, una senda que me lleva hacia tu casa de madera vencida por el tiempo y la lluvia. Un aroma a leño quemado se apodera de mis sentidos y me anuncia la cercanía.
Descalza me esperas en la puerta, diez niños guaraníes espían por la ventana.
Una lágrima se me escapa cuando me recibes con un grito al monte: ¡Llegó la maestra!
Elisabet Cincotta