domingo, 1 de junio de 2008

En la comedia humana /un relato de ficción con visos de realidad


Era una reunión de amigos y no tan amigos por lo que pude ver después. Celebrábamos el cumpleaños de la anfitriona de una preciosa casa que también inauguraba.

Sentada en una esquina de un sofá de esos grandes y cómodos, donde el placer de estar se complementa con una buena música, un buen vino y por supuesto, de la compañía agradable de personas afines, me disponía pues a pasar un rato ameno, pero la sorpresa me invadió y como sorpresa al fín, me tomó desprevenida.

En un momento cualquiera llega a la reunión una pareja, él, un hombre de unos cincuenta y tantos años, sin ser un adonis, interesante y guapo para su edad, con él, una joven mujer de estas muchachas de hoy, hermosas y que visten a la moda acentuándola a veces con cierto desparpajo. No bien entraron, comenzó el run run de comentarios que dejaban al pobre hombre y a su acompañante más despachurrados que tomates pisados...

" Que si te fijas, ¡cuánto hace qué se divorció, casi nada, un mes escaso y ya de casorio, claro de seguro que ya vivía con ella...lo que pasa, es que como Marujita ya está vieja, que le daba pena hasta salir con ella..y tán buena la mujer, una santa!...pero ya ven así son los hombres, unos desgraciados. Y ¿ella?...una arribista, quita maridos, quién sabe desde cuándo y con cuantas artimañas se las arregló para separar ese matrimonio..."

En eso, una de las mujeres se voltea hacia su marido y le pregunta, -"¿no te parece que fulano metió la pata al dejar a Marujita por esa roba maridos?-" y el esposo, que casi se le saltaban los ojos y se estrellaban en los lentes, seguía el escote del vestido de la joven que llegaba hasta donde la espalda pierde su santo nombre y pude ver como el hombre papando moscas, asentía como embobado, lleno de la más grande envidia, como pude deducir después al ver los codazos y gestos de complicidad entre él y el afortunado criticado por todas las mujeres, y algunos hombres también.

Pero la cosa no termina allí, es que esto no paraba, parecía de novela lo que estaba viviendo, llega otra pareja, ella, amiga de la anfitriona y por lo que pude comprobar, conocida de vista de mis compañeros de sofá, sólo que ahora era al revés. Una elegante señora, toda una dama y aún de muy buen ver y llega del brazo de un muchacho guapísimo, solícito con ella, amoroso, no la dejaba sola un momento, atento a todo lo que la dama le pedía, y por supuesto el estallido que soltaron mis contertulios fue de pronóstico reservado quedando, los comentarios anteriores en pañales ante esto que escuchaba...

"Pero si esa no es fulanita de tal...chica la que dejó al marido porque dizque éste le ponía los cuernos y ya andaba cabizbaja del peso de los mismos, y míra tú quién era la que los estaba poniendo. Pero si es una descarada.." -Aquí, casi que pego un grito, porque cómo me gusta esa palabra-, pero aunque hubiese gritado, creo que nadie me hubiera escuchado, tal era de atronadores los comentarios que se seguían haciendo.

Me tocaban y jaloneaban el brazo a cada rato para que viera, para que conociera a esa tipa que no tenía verguenza alguna, exponiéndose con ese jovencito, claro se veía el deseo de probar dulces iguales y quitar amargores presentes, y seguían..."pero se le pasó la mano, es un crío para ella"..
Y así despellejaron a la pobre mujer que de haberlo sabido ella, no se hubiera quitado el abrigo ni para dormir.

Pero aquí ocurrió algo que me encantó, la anfitriona conocedora de que su amiga no era tan conocida por las parejas que ocupaban el sofá, llegó con ella y con el joven a presentarlos, para que se unieran a la fiesta sin temor al desconocimiento y lo hizo como se hacen estas cosas: "Amigos, sé que muchos de ustedes habrán visto alguna vez a Rosa De La Fuente, la pintora y escultora que expone sus obras en el Museo Contemporáneo de la Ciudad, tengo el gusto de presentársela con su Hijo, que recién termina sus estudios de Arte en Francia y después de estos años viene a ayudar a su mamá en el trabajo del Museo."
Las quijadas de todos los que estábamos en el sofá cayeron casi al piso del asombro, la mía también , pero de la carcajada que no pude reprimir... Y entonces ví, como la comedia humana seguía su curso y quedaron expuestas y a la luz la falta de caridad, de respeto por el otro, la mezquindad en el trato, la envidia que corroe y el placer de crear rumores y chismes sin fundamento, ni conocimiento de causa, y, es que antes de hablar debemos saber primero, de quién estamos hablando, murmurando, con qué intención, ¿qué ganamos con ello?, el ¿morbo de molestar?, de hacer sentir mal al otro por el hecho de que ¿vemos ojos bonitos en cara ajena?
A veces expresamos palabras que hablan de afecto y amistad en privado, pero al estar en grupos, surgen otras expresiones ruines, que denotan mezquindades odiosas, por no querer reconocer el valor del prójimo, próximo y cercano y que nos brinda desinteresadamente, lo mejor de sí o a veces y lo que es peor, sólo por seguir la corriente de los caciques del rumor y el chisme, haciéndonos a veces abanderados de causas ajenas por el simple hecho de desplazar a otros, en lo que creemos es sólo de nuestro absoluto dominio.
Así tristemente en muchos casos, dejamos al descubierto esa parte, fea, sin nobleza y solidadridad en la amistad que se declara muchas veces verdadera. Cuidemos nuestro trato con los demás, no dejemos que esos duendes malignos hagan mella en nosotros y nos coloque sobre todo a estas alturas de la vida, en situaciones poco menos que de chicos parvularios, que ante la ignorancia de lo que es el trato humano, se comportan crueles con los compañeros de clases, porque aún no han definido sentimientos, ni el sentido , ni el proceder de la amistad.
El respeto propio y por el otro es la base de toda relación humana, respeto por sus creencias, su raza, su nacionalidad, su vida. No lo olvidemos nunca y hagamos de ello nuestro norte. Termino con dos pensamientos para reflexionar:

"La conversación es una cosa superflua como necesaria, en la cual unos dicen siempre lo que saben y otros no saben lo que dicen"
Marie-Francoise De Boufflers

"No debe juzgarse a los hombres como si fueran un cuadro o una estatua, o sea, a primera vista, hay un interior y un corazón en qué profundizar. El velo de la modestia encubre el mérito y la máscara de la hipocresía esconde la realidad"
Jean De La Bruyere.

Migdalia B. Mansilla R.
08/01/2002

1 comentario:

Catalina Zentner dijo...

¡Con razón, picarona, que andabas calladita!
Me preguntaba: ¿por dónde andará Migdalia este fin de semana? y ahora tengo la respuesta.
Nuevamente: ¡¡¡FELICITACIONES!!!